San Salvador, 4 de junio de 2025 — En una nueva declaración que ha captado la atención de medios internacionales y analistas políticos, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, lanzó este fin de semana una advertencia contundente dirigida a las democracias occidentales. En un mensaje difundido a través de sus redes sociales oficiales y reproducido por medios estatales, Bukele afirmó: “Occidente tiene todo: tecnología, infraestructura, riqueza, recursos humanos… pero está perdiendo el orden social”.
La frase, lejos de ser un comentario aislado, se inscribe en una narrativa que Bukele ha venido impulsando desde hace varios años: la de una crítica sistemática a los modelos democráticos tradicionales de Estados Unidos y Europa, a los que señala de haber caído en una espiral de caos social, criminalidad desbordada y pérdida de autoridad estatal.
¿Qué quiso decir Bukele?
El mandatario salvadoreño no ofreció una explicación extensa ni mencionó países concretos, pero sus palabras han sido interpretadas como una referencia velada a las protestas masivas, disturbios urbanos y crisis migratorias que en los últimos años han sacudido naciones como Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania.
“Mientras estas potencias tienen recursos y tecnología de punta, sus sociedades se desmoronan internamente”, ha sostenido Bukele en reiteradas ocasiones, contrastando ese escenario con su modelo de gobierno, caracterizado por un férreo control de la seguridad pública y políticas de excepción ampliamente cuestionadas por organismos de derechos humanos.
Para el politólogo guatemalteco Carlos Mendoza, el mensaje es una reafirmación de Bukele como “una figura contestataria al orden occidental tradicional”. En entrevista telefónica, explicó: “Bukele vende su narrativa de éxito basado en control total de las calles, encarcelamiento masivo de pandilleros y sometimiento de los poderes del Estado como una receta efectiva para países en crisis. Y al señalar la ‘pérdida de orden social’ en Occidente, lo que hace es legitimar su propio modelo autoritario”.
Un discurso que conecta con nuevos liderazgos
La advertencia de Bukele no es un hecho aislado en el contexto internacional. En los últimos años, diversos líderes populistas de derecha e izquierda han empleado discursos similares, alertando sobre un supuesto colapso social en Occidente y la necesidad de alternativas políticas que privilegien el orden, la seguridad y la autoridad estatal sobre las libertades civiles clásicas.
Desde Viktor Orbán en Hungría hasta Javier Milei en Argentina, pasando por Giorgia Meloni en Italia, la narrativa de sociedades occidentales decadentes y gobiernos débiles ha ganado terreno. En ese sentido, Bukele se suma al grupo de mandatarios que han hecho del discurso antisistema una herramienta política para consolidar su popularidad interna y proyectarse internacionalmente.
El impacto en las relaciones diplomáticas
Las declaraciones de Bukele se producen en un momento delicado para las relaciones entre El Salvador y sus socios occidentales, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea. Desde la implementación del Régimen de Excepción en marzo de 2022, que ha dejado más de 81,000 personas detenidas según cifras oficiales, las tensiones diplomáticas han ido en aumento.
Washington ha expresado en reiteradas ocasiones su preocupación por la erosión democrática en El Salvador y las violaciones a los derechos humanos. La Casa Blanca, el Departamento de Estado y congresistas demócratas y republicanos han cuestionado la concentración de poder en manos de Bukele, la captura de la Corte Suprema y el debilitamiento de las garantías constitucionales.
Ante ello, el mandatario salvadoreño ha optado por una estrategia de confrontación discursiva, acusando a sus críticos de hipocresía y asegurando que las democracias occidentales enfrentan peores crisis sociales sin lograr contenerlas.
“No pueden venir a darnos lecciones cuando sus calles están tomadas por el crimen, las drogas y el caos”, sostuvo Bukele en una entrevista reciente con la cadena internacional RT en Español.
¿Cómo afecta al panorama internacional?
Para la analista salvadoreña Laura Andrade, directora del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop), esta postura representa “un desafío directo al discurso democrático occidental” y contribuye a afianzar un bloque de países que buscan distanciarse de Washington y Bruselas, acercándose a potencias como China y Rusia.
“El Salvador ha fortalecido su relación con Beijing en los últimos tres años y ha encontrado en Moscú un aliado diplomático para respaldar su modelo de seguridad. Las críticas de Bukele a Occidente consolidan ese giro geopolítico”, explica Andrade.
De hecho, tras las declaraciones del presidente salvadoreño, portavoces del gobierno chino elogiaron a través de sus redes sociales los avances en seguridad de El Salvador, destacando “la valentía del presidente Bukele para tomar decisiones firmes en defensa del pueblo”.
Reacciones en redes y medios internacionales
Medios como The Guardian, Le Monde y El País reprodujeron las palabras de Bukele, calificándolas de “provocadoras” y señalando su uso político para justificar el endurecimiento de su régimen. Mientras tanto, usuarios en redes sociales, especialmente en X (antes Twitter) y Telegram, se volcaron en comentarios a favor y en contra.
Mientras sectores afines al presidente aplaudieron su postura y la consideraron “una verdad incómoda que nadie en Occidente se atreve a decir”, críticos advirtieron sobre los riesgos de promover un modelo de orden basado en la supresión de libertades.
Conclusión
El reciente mensaje de Nayib Bukele no solo refuerza su imagen de líder desafiante, sino que evidencia un cambio en la narrativa global, donde las democracias occidentales enfrentan cuestionamientos desde líderes de países pequeños pero estratégicos en América Latina, África y Asia.
Más allá del impacto inmediato en la opinión pública, sus palabras podrían contribuir a tensar aún más las relaciones diplomáticas entre El Salvador y sus socios históricos, profundizando su acercamiento a polos de poder alternativos como China y Rusia.
Lo que está en juego no es solo una disputa discursiva, sino el modelo de convivencia social y el tipo de democracia que prevalecerá en las próximas décadas.