San Salvador, 2 de junio de 2025 — La política salvadoreña atraviesa una nueva controversia pública tras las recientes declaraciones de Ronald Umaña, dirigente del Movimiento de Resistencia Ciudadana y una de las voces más críticas del oficialismo, quien arremetió contra las encuestas que otorgan niveles récord de aprobación al presidente Nayib Bukele, calificándolas sin rodeos como "pagadas" y "herramientas de manipulación política". El episodio ha reavivado el debate sobre la independencia de las mediciones de opinión pública en el país y el uso político de los datos estadísticos en un entorno cada vez más polarizado.

Una nueva polémica en torno a las encuestas

El detonante de esta controversia se produjo durante una entrevista televisiva en la que Umaña, conocido abogado y comentarista político, cuestionó abiertamente los resultados de varias encuestas difundidas en las últimas semanas, en las que se reportaba que Bukele contaba con una aprobación ciudadana superior al 85%, a tan solo cuatro meses de haber iniciado su segundo mandato consecutivo.

"Esas encuestas son pagadas por el mismo gobierno o por empresas afines al oficialismo. Es una estrategia para hacerle creer a la gente que todo está bien y que la mayoría apoya este régimen autoritario. No reflejan la verdadera opinión de un pueblo que está cansado de los abusos, la represión y el desempleo", expresó Umaña en sus declaraciones.

Estas palabras no tardaron en viralizarse en redes sociales, donde partidarios del gobierno y detractores protagonizaron acalorados intercambios sobre la veracidad y legitimidad de los sondeos de opinión publicados en El Salvador.

Las encuestas bajo la lupa

Las encuestas a las que hizo referencia Umaña fueron elaboradas por reconocidas casas encuestadoras nacionales como CID Gallup, LPG Datos, y la Universidad Francisco Gavidia, cuyos resultados coinciden en otorgar a Bukele niveles de aprobación superiores al 85%. Según el último sondeo de CID Gallup, publicado en mayo pasado, el mandatario salvadoreño registró un respaldo del 89% de la población, ubicándose como uno de los presidentes mejor evaluados a nivel mundial.

Frente a estos resultados, Umaña sostiene que existe una manipulación sistemática. "Esas cifras no tienen sustento si uno sale a las comunidades, conversa con la gente y ve el deterioro social que está ocurriendo. La represión, el encarcelamiento masivo sin debido proceso y la falta de empleos están golpeando duro, pero las encuestas maquillan esa realidad", agregó.

Por su parte, las casas encuestadoras han defendido la transparencia de sus metodologías y la independencia de sus estudios. LPG Datos, por ejemplo, aclaró en su última publicación que su encuesta se basó en entrevistas presenciales a nivel nacional, con una muestra representativa y márgenes de error de ±2.5 puntos porcentuales. "Nuestros procesos están auditados y se realizan con total apego a los estándares internacionales de investigación social", señaló la firma.

La relación entre política y encuestas en El Salvador

El señalamiento de Umaña no es aislado. Durante los últimos años, las encuestas han sido objeto de debate en el país, especialmente desde que Bukele asumió la presidencia en 2019. En múltiples ocasiones, opositores han denunciado que los sondeos de opinión son utilizados como instrumentos de propaganda, más que como reflejos objetivos del sentir popular.

Para la politóloga salvadoreña Celia Medrano, esta dinámica no es nueva, pero se ha acentuado en el actual contexto de concentración de poder. "Las encuestas, más allá de medir opinión, se han convertido en herramientas de validación política. Cuando los resultados favorecen al gobierno, se difunden ampliamente; cuando son desfavorables, se descalifican o se invisibilizan. Esto distorsiona la percepción ciudadana y limita el debate plural", explica.

Medrano añade que el control gubernamental sobre medios de comunicación y la creciente censura contra periodistas y académicos críticos agravan el problema. "Se ha creado un ambiente donde cuestionar los datos oficiales se interpreta como un acto subversivo, y eso afecta la calidad democrática del país", advierte.

La respuesta del oficialismo

Desde el oficialismo, las declaraciones de Umaña fueron respondidas con desdén. Ernesto Castro, presidente de la Asamblea Legislativa y uno de los hombres de mayor confianza de Bukele, desestimó los señalamientos, asegurando que "las encuestas reflejan la realidad de un país que ha recuperado la paz y la seguridad gracias al liderazgo del presidente Bukele".

"No es culpa nuestra que la oposición esté totalmente desconectada del pueblo. Ronald Umaña representa a un grupito que perdió todo respaldo popular y por eso intenta desprestigiar a las encuestadoras y desinformar", afirmó Castro en declaraciones a un medio oficialista.

Asimismo, varios diputados de Nuevas Ideas acusaron a Umaña de protagonizar una campaña de desinformación y de atacar instituciones que realizan trabajos técnicos legítimos.

¿Qué dicen los expertos en opinión pública?

Para entender mejor la controversia, consultamos a Rubén Zamora, sociólogo y exembajador salvadoreño, quien considera que el fenómeno de las encuestas en El Salvador refleja tanto una fuerte aprobación real al presidente como la existencia de factores que pueden distorsionar la respuesta de la población.

"No se puede negar que Bukele goza de una popularidad significativa, producto de su política de seguridad, su control sobre los medios y la narrativa de éxito que ha construido. Pero también es cierto que el miedo, la censura y el clientelismo pueden sesgar las encuestas", argumenta Zamora.

Según el especialista, en contextos autoritarios o con altos niveles de control estatal, las personas tienden a responder en favor del gobernante, incluso si su percepción privada es distinta. "Ese fenómeno se conoce como 'espiral del silencio' y ha sido documentado en países como Rusia, Nicaragua y Venezuela", puntualiza.

El trasfondo político de la polémica

La arremetida de Ronald Umaña ocurre en un momento clave, cuando la oposición busca reagruparse tras los resultados adversos de las elecciones legislativas y municipales de marzo, en las que Nuevas Ideas y sus aliados consolidaron su hegemonía territorial.

Analistas señalan que Umaña intenta posicionarse como uno de los principales voceros de la disidencia democrática, en un escenario donde las voces opositoras son cada vez más limitadas. "Con sus declaraciones, Umaña busca desmontar la narrativa oficial y evidenciar la desconexión entre el discurso gubernamental y las condiciones reales del país", sostiene la politóloga Celia Medrano.

Para otros, sin embargo, se trata de una estrategia desesperada ante la falta de arraigo popular de los partidos tradicionales y los movimientos disidentes. "Los opositores no logran capitalizar el descontento social porque no ofrecen alternativas concretas. Atacar las encuestas no resuelve esa carencia", opina Ricardo Sosa, criminólogo y analista de seguridad.

¿Manipulación o respaldo genuino?

La pregunta central que se desprende de este episodio es si las encuestas reflejan una realidad objetiva o son parte de una estrategia de manipulación mediática. La respuesta, según expertos, es compleja.

Por un lado, es innegable que las políticas de seguridad impulsadas por Bukele, como el controvertido Régimen de Excepción, han reducido drásticamente los niveles de violencia homicida en el país, lo que ha generado un respaldo significativo entre amplios sectores de la población.

Pero, por otro, persisten denuncias de abusos de derechos humanos, detenciones arbitrarias, censura a medios y persecución de críticos, lo que podría limitar la expresión libre de opiniones disidentes, afectando así la calidad de las mediciones de opinión pública.

"Las encuestas son una foto del momento, pero esa imagen puede estar desenfocada si las condiciones para expresar opiniones son adversas o si los instrumentos son utilizados como propaganda", concluye Rubén Zamora.

Conclusión

La polémica desatada por Ronald Umaña al cuestionar las encuestas favorables a Nayib Bukele ha dejado al descubierto las tensiones políticas que atraviesa El Salvador en su actual coyuntura. Mientras el oficialismo defiende la legitimidad de los sondeos y los presenta como evidencia del respaldo popular a su gestión, la oposición denuncia manipulación y ocultamiento de la realidad.

Más allá de la disputa discursiva, el debate sobre las encuestas refleja una problemática más profunda: la pugna por controlar la narrativa pública en un país donde las libertades democráticas enfrentan crecientes restricciones y donde la percepción social se convierte en un activo estratégico para conservar o disputar el poder.

Queda por ver si esta controversia tendrá impacto en el escenario político de cara a los próximos meses, o si, como otras veces, las cifras de popularidad seguirán siendo un blindaje eficaz para el oficialismo, mientras las voces críticas intentan abrirse paso en medio de una opinión pública cada vez más controlada.