San Salvador — junio 2025. Desde que Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador en junio de 2019, su estilo de gobierno, marcado por un fuerte discurso contra el crimen, reformas institucionales aceleradas y una relación directa con sus bases a través de redes sociales, ha generado tanto respaldo popular como fuertes críticas, especialmente desde sectores opositores internos y medios de comunicación internacionales.


El fenómeno Bukele, sin embargo, parece mantenerse inexpugnable a esas objeciones. Encuestas recientes lo sitúan con niveles de aprobación superiores al 85 %, cifras que contrastan con el persistente escepticismo y rechazo que sigue encontrando en buena parte de la prensa internacional y en analistas políticos tradicionales. ¿Qué explica esta desconexión entre la percepción ciudadana en El Salvador y la interpretación de su figura desde el exterior?


📊 Los números que lo respaldan


Los estudios de opinión pública más recientes coinciden: el presidente Bukele goza de una aprobación masiva. La firma CID Gallup, en su último sondeo regional de mayo 2025, posicionó a Bukele como el mandatario mejor evaluado de América Latina, con un respaldo del 88 % entre los salvadoreños consultados.


A nivel local, la Universidad Francisco Gavidia publicó en abril un informe que mostraba que más del 90 % de los ciudadanos considera positivo el trabajo gubernamental en materia de seguridad, mientras que un 84 % cree que el país ha mejorado desde que inició la administración Bukele.


Estas cifras se sustentan en una percepción de mayor seguridad pública, atribuida principalmente al Régimen de Excepción —vigente desde marzo de 2022—, que ha permitido capturar a más de 81,000 personas acusadas de pertenecer a pandillas, reduciendo drásticamente los índices de homicidios y extorsiones.


📌 El discurso de seguridad y orden: el pilar del apoyo popular


Uno de los factores que explican la popularidad sostenida del presidente salvadoreño es su capacidad para posicionarse como el único líder que enfrentó decididamente a las estructuras criminales que durante décadas aterrorizaron a las comunidades.


Antes de Bukele, las maras y pandillas eran responsables de convertir a El Salvador en uno de los países más violentos del mundo. Hoy, la administración presume haber devuelto la tranquilidad a barrios y municipios antes controlados por estructuras como la Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18.


Esa narrativa se refuerza mediante una estrategia de comunicación directa, sin intermediarios, donde las redes sociales oficiales del presidente y de instituciones gubernamentales difunden imágenes de capturas masivas, cárceles de máxima seguridad y cifras de delitos reducidos. La población, que había vivido bajo amenaza de estos grupos criminales, percibe estos logros como inmediatos y concretos.


📌 Una ruptura con las formas tradicionales de poder


Bukele también ha capitalizado su ruptura con los partidos políticos tradicionales, a los que acusa de haber negociado con pandillas y de beneficiarse de la corrupción. El presidente ha construido una imagen de outsider, enfrentado tanto a los poderes internos como a sectores de la comunidad internacional, especialmente a oenegés y medios que cuestionan su política de seguridad y sus reformas institucionales.


Para sus simpatizantes, las críticas desde Washington, Bruselas o Madrid, así como desde medios como El País, The New York Times o The Guardian, no hacen más que confirmar que Bukele representa una amenaza para el statu quo global. Ese discurso conecta con el hartazgo social hacia las élites nacionales e internacionales.


📌 Medios internacionales: entre la crítica y la incomprensión


Buena parte de la prensa internacional ha insistido en calificar a Bukele como un “autócrata en ciernes” o “líder populista autoritario”. Reportajes de medios como BBC, CNN, The Economist y Le Monde han señalado la concentración de poder en su administración, la remoción de magistrados y fiscales, las limitaciones a la prensa crítica y las denuncias de violaciones a derechos humanos bajo el régimen de excepción.


Sin embargo, lo que muchos de estos análisis parecen no captar del todo es que, para buena parte de los salvadoreños, esas preocupaciones institucionales quedan subordinadas a la seguridad y estabilidad. En contextos marcados por décadas de violencia, desempleo y migración forzada, la eficacia percibida prima sobre la forma.


“La comunidad internacional no entiende que aquí había una guerra no declarada en las calles. Bukele ha hecho lo que otros no se atrevieron”, dice Juan Carlos Aparicio, comerciante en Mejicanos. “A mí no me interesa lo que diga CNN, yo ahora puedo caminar sin miedo en mi colonia”.


📌 ¿Por qué desarma a sus críticos?


Parte de la habilidad de Bukele ha sido anticipar y neutralizar los cuestionamientos. Sus cuentas en X (antes Twitter), Facebook y TikTok no solo informan sino que responden a reportajes críticos, se burlan de adversarios y presentan cifras alternativas. Esta estrategia convierte a sus opositores en antagonistas de una narrativa que exalta a un presidente joven, pragmático y decidido.


Además, Bukele ha desafiado abiertamente a organismos multilaterales y a gobiernos extranjeros que lo cuestionan, usando un lenguaje provocador y populista, lo cual refuerza la percepción de independencia y defensa de la soberanía nacional.


📌 El otro lado de la moneda


No obstante, organizaciones de derechos humanos, periodistas independientes y abogados han documentado detenciones arbitrarias, torturas en prisión, desapariciones forzadas y falta de debido proceso bajo el régimen de excepción. Además, señalan una concentración de poder sin precedentes y un deterioro democrático que podría tener consecuencias a mediano plazo.


Algunos sectores de oposición acusan al gobierno de crear una falsa percepción de seguridad y de censurar voces críticas. Sin embargo, estos señalamientos, al menos hasta ahora, no han calado lo suficiente en la población, que prioriza la estabilidad en las calles por encima de debates sobre institucionalidad.


📌 Conclusión: un fenómeno local con proyección regional


Nayib Bukele ha logrado consolidar un modelo de gobierno que combina medidas de mano dura contra el crimen, una narrativa anti-establishment y un manejo magistral de las redes sociales. Este enfoque, aunque cuestionado desde el exterior, cuenta con un respaldo popular sin precedentes en la historia reciente salvadoreña.


Mientras la oposición local y los medios internacionales continúan desconcertados ante su éxito, Bukele sigue consolidando su proyecto político, no solo como presidente, sino como referente regional en el debate sobre seguridad, gobernabilidad y populismo digital.


La pregunta que queda es cuánto tiempo más podrá mantener ese respaldo masivo, y qué efectos tendrán las tensiones democráticas que su estilo genera. Por ahora, en El Salvador, una mayoría parece convencida de que el costo vale la pena.