Aunque por ahora no existe una confirmación oficial de sus intenciones, recientes discursos, movimientos en el oficialismo y análisis de expertos han revivido el debate sobre los límites constitucionales, la legitimidad democrática y las consecuencias políticas que traería consigo una eventual tercera candidatura presidencial en El Salvador.
📜 La Constitución y el debate sobre la reelección
La Constitución de la República de El Salvador, en su artículo 152, establece que no podrá ser candidato a presidente quien haya ejercido la presidencia en más de un periodo continuo o no. Tradicionalmente, esto significaba una prohibición absoluta para la reelección inmediata o diferida. Sin embargo, en septiembre de 2021, la Sala de lo Constitucional —controlada tras una polémica destitución de los magistrados anteriores por parte de la Asamblea Legislativa dominada por Nuevas Ideas— reinterpretó esta norma, habilitando a Bukele para competir en 2024.
Ese fallo desató una oleada de críticas nacionales e internacionales, al considerar que debilitaba los principios republicanos y el equilibrio de poderes. Ahora, un eventual intento por buscar un tercer mandato rompería incluso esa reinterpretación, ya que hasta el propio fallo de 2021 señalaba que solo se podía competir por un segundo periodo consecutivo.
"Si la Corte o la Asamblea intentan nuevamente modificar o reinterpretar la Constitución para habilitar un tercer mandato, estaríamos hablando de un escenario de ruptura constitucional sin precedentes desde los tiempos de las dictaduras militares," sostiene la abogada constitucionalista Ruth López.
📊 El fervor popular y el respaldo ciudadano
Pese a las advertencias jurídicas y democráticas, el presidente Bukele sigue contando con niveles de popularidad altísimos. Diversas encuestas recientes, como las de CID Gallup y LPG Datos, lo colocan con una aprobación superior al 80%, incluso tras cinco años de gestión, el régimen de excepción vigente desde 2022 y crecientes denuncias de abusos a derechos humanos.
En calles, redes sociales y actos públicos, se percibe un ambiente donde buena parte de la población estaría dispuesta a respaldarlo para un tercer mandato, pese a las restricciones constitucionales. "Lo que Bukele ha hecho no lo había hecho nadie. Yo lo apoyo para otro periodo, y los que están en contra es porque extrañan a las pandillas," comentó Marina Guevara, comerciante en el Centro Histórico de San Salvador.
Este respaldo popular es el principal argumento del oficialismo para justificar decisiones políticas polémicas y, en su caso, para intentar legitimar una eventual candidatura para 2029.
🗳️ Oposición debilitada y polarización
En contraste, la oposición política atraviesa uno de sus peores momentos. Partidos históricos como ARENA y el FMLN enfrentan fragmentación, escándalos de corrupción heredados de gobiernos anteriores y una desconexión con los sectores populares. Mientras tanto, nuevos liderazgos como Manuel “El Chino” Flores o Claudia Ortiz han intentado capitalizar el descontento, pero sin éxito significativo en las urnas.
De este modo, la discusión sobre un tercer mandato enfrenta a un oficialismo fuerte y cohesionado frente a una oposición debilitada y desarticulada, lo que podría allanar el camino para maniobras constitucionales o legislativas en favor de Bukele.
🌐 La reacción de la comunidad internacional
Organismos internacionales como la OEA, Human Rights Watch y Amnistía Internacional han advertido sobre el deterioro democrático en El Salvador desde 2021. La posibilidad de un tercer mandato tensionaría aún más la relación del país con sus socios tradicionales, especialmente con Estados Unidos y la Unión Europea.
"Ya hemos visto en Nicaragua y Venezuela los efectos de perpetuar el poder bajo la excusa del respaldo popular. Sería un retroceso para la región," afirmó Tamara Taraciuk, directora de HRW para las Américas.
Sin embargo, gobiernos como China —que ha incrementado su influencia en El Salvador en los últimos años— y algunas administraciones latinoamericanas mantienen una postura más flexible, priorizando relaciones económicas y de cooperación sobre los cuestionamientos democráticos.
⚖️ Implicaciones para la democracia salvadoreña
De confirmarse un intento de tercer mandato, El Salvador enfrentaría un punto de inflexión. El país podría consolidar un modelo de concentración de poder sin contrapesos, en un contexto donde las libertades de prensa, la independencia judicial y los derechos humanos han sido cuestionados en los últimos años.
"Esto no solo pondría en juego el legado democrático de los Acuerdos de Paz de 1992, sino que enviaría una señal peligrosa a otros países de la región sobre la posibilidad de gobernar sin límites," opinó el politólogo Paolo Lüers.
Por su parte, el oficialismo sostiene que el país atraviesa una "nueva etapa" donde las viejas reglas ya no se aplican, y donde la voluntad popular debe prevalecer sobre formalismos jurídicos.
📺 ¿Qué sigue?
De momento, Bukele ha evitado referirse directamente al tema, aunque en más de una ocasión ha insinuado que "será el pueblo quien decida". Algunos analistas apuntan que el mandatario podría aprovechar su popularidad actual para allanar el camino con reformas legislativas, o presionar a la Sala de lo Constitucional para una nueva interpretación.
La oposición, mientras tanto, ha anunciado que no descarta acudir a instancias internacionales si se concreta esta posibilidad.
Lo cierto es que, mientras Nayib Bukele continúe capitalizando su imagen de líder popular y eficiente en seguridad pública, y la oposición no logre articular una alternativa sólida, la idea de un tercer mandato presidencial podría dejar de ser una hipótesis para convertirse en una realidad política con implicaciones profundas para El Salvador y la región.