San Salvador, 7 de junio de 2025. — A seis meses de las elecciones presidenciales de 2029, un debate silencioso pero creciente comienza a agitarse en los círculos políticos, sociales y diplomáticos de El Salvador: ¿podría Nayib Bukele buscar un tercer mandato presidencial? La pregunta, que hasta hace unos años habría parecido improbable, hoy se instala en la conversación pública, sobre todo tras la contundente reelección de Bukele en 2024 y su dominio absoluto de los poderes estatales.


En este blog de noticias exploramos los escenarios políticos, legales y sociales que se abrirían si Bukele intentara extender su permanencia en el Ejecutivo más allá de 2029, así como las posibles reacciones internas e internacionales ante una decisión de esa magnitud.


📖 El antecedente: ¿Qué dice la Constitución de El Salvador?


El artículo 154 de la Constitución salvadoreña establece claramente: “El período presidencial será de cinco años y comenzará y terminará el mismo día y mes en que tuvo lugar la toma de posesión del presidente saliente, sin que la persona que haya ejercido la Presidencia pueda continuar en sus funciones ni un día más.” Asimismo, otros artículos, como el 75 y el 88, prohíben la reelección inmediata o sucesiva y consideran traición a la patria promoverla.


Sin embargo, en septiembre de 2021, la Sala de lo Constitucional —reconfigurada por una Asamblea Legislativa controlada por el oficialismo tras destituir a los magistrados anteriores— reinterpretó la Carta Magna y habilitó la posibilidad de una reelección inmediata, que Bukele concretó en 2024 con una victoria aplastante de más del 80% de los votos.


Hasta ahora, no existe un aval constitucional para un tercer mandato consecutivo, y hacerlo requeriría una nueva reinterpretación judicial, una reforma constitucional —que implica complejos procedimientos legislativos— o una ruptura más abierta del orden institucional


📊 Popularidad sin precedentes, pero con fisuras


Desde que asumió el poder en 2019, Nayib Bukele ha mantenido índices de aprobación extraordinarios. Encuestas recientes de casas como CID Gallup, LPG Datos y TResearch Internacional le atribuyen entre un 80% y 90% de respaldo ciudadano, en buena medida por su política de seguridad bajo el régimen de excepción, que ha reducido drásticamente los homicidios y la actividad de pandillas en el país.


Sin embargo, ese respaldo ha convivido con preocupaciones sobre el debilitamiento institucional, las restricciones a la prensa crítica, la cooptación de órganos de control y denuncias de violaciones a derechos humanos en cárceles.


Para un eventual tercer mandato, la principal fortaleza de Bukele sería ese fervor popular que, en diversos sectores, prioriza la seguridad y estabilidad económica sobre los formalismos constitucionales. No obstante, empiezan a emerger sectores sociales, religiosos, académicos y políticos —antes cercanos al oficialismo— que expresan reservas sobre la concentración de poder.


⚖️ La oposición: debilitada pero expectante


Los partidos tradicionales ARENA y FMLN, reducidos a su mínima expresión legislativa, carecen actualmente de fuerza real para frenar las aspiraciones del bukelismo. Sin embargo, nuevos liderazgos emergentes —como Manuel “Chino” Flores por el FMLN y pequeñas agrupaciones de izquierda democrática y sectores empresariales independientes— podrían intentar reagruparse bajo una bandera de defensa constitucional.


El dilema para la oposición sería articular un discurso y una estrategia electoral capaces de conectar con una población mayoritariamente favorable a Bukele, pero con sectores que valoran las libertades civiles y el respeto al orden democrático.


🌐 Reacciones de la comunidad internacional


Desde su llegada al poder, Bukele ha mantenido relaciones tensas con Estados Unidos, la Unión Europea y organismos de derechos humanos, debido a sus posturas autoritarias, su alianza con China y su negativa a permitir auditorías internacionales sobre el régimen de excepción.


Un anuncio de intención para un tercer mandato probablemente generaría:


Condemnaciones formales de la OEA, la ONU y gobiernos como EE.UU., Canadá y España.


Posibles sanciones individuales contra funcionarios vinculados al proceso electoral.


Advertencias sobre la suspensión de ayudas y cooperación internacional.


Mayor acercamiento de El Salvador a China y Rusia, consolidando su ruptura con Occidente.



No obstante, la comunidad internacional enfrenta un dilema: presionar a un gobierno altamente popular en su país, con legitimidad electoral reciente, puede tener efectos contraproducentes y reforzar el discurso de soberanía y anti-intervencionismo del oficialismo.


📉 Implicaciones para la democracia salvadoreña


Un intento de Bukele por buscar un tercer mandato abriría una nueva etapa en la historia política salvadoreña, caracterizada por:


La consolidación de un régimen personalista y centralizado, donde los pesos y contrapesos democráticos quedarían reducidos a mínimos.


El debilitamiento definitivo de la independencia judicial y legislativa.


El riesgo de que futuras administraciones no puedan desmontar estructuras autoritarias sin conflictos institucionales o sociales.


Una potencial polarización social, con sectores que defienden el orden constitucional y otros que priorizan estabilidad y seguridad.


📌 ¿Qué podría pasar?


Hay al menos tres escenarios plausibles si Bukele decide buscar un tercer mandato en 2029:


1. Nueva reinterpretación constitucional: La Sala de lo Constitucional, ya alineada con el oficialismo, podría emitir una resolución habilitando una segunda reelección inmediata, como ocurrió en 2021. Esto desataría críticas internacionales pero tendría respaldo popular interno.



2. Reforma constitucional exprés: Aunque el proceso es complejo (requiere aprobación en dos legislaturas consecutivas y mayoría calificada), la Asamblea controlada por Nuevas Ideas podría intentar una reforma de facto o por vía plebiscitaria, aunque esto implicaría mayores costos políticos.



3. Ruptura abierta del orden democrático: En caso de resistencia de algunos sectores o de la comunidad internacional, el oficialismo podría buscar imponer su continuidad por vías no institucionales, lo que elevaría el riesgo de conflictividad política y social.


📌 Conclusión


El Salvador atraviesa una etapa de transformaciones aceleradas. El liderazgo de Nayib Bukele, con su mezcla de popularidad sin precedentes y acumulación de poder, ha modificado las reglas de juego político.


El debate sobre un tercer mandato ya se instala, aunque de manera soterrada, y podría convertirse en la principal controversia institucional del país en los próximos años.


Más allá de simpatías o rechazos, la pregunta clave para la democracia salvadoreña es si sus instituciones podrán resistir un nuevo embate a su orden constitucional, o si la historia se encamina a una etapa de presidencialismo indefinido bajo el nombre de Nayib Bukele.